Se alquila jugador de fútbol

por lamanoamiga

Los jugadores se parecen cada vez más a un maniquí. Todos les aconsejan mesura, prudencia, silencio cuando algún periodista les apura por una opinión. Pero si una marca le paga lo necesario, no se harán bolas para promocionar una empresa de comida chatarra o a un fabricante de carros contaminantes.

Lionel Messi, proclamado como modelo de jugador profesionales, admite sin ruborizarse, que su tiempo libre lo reparte entre la siesta y el Play Station. ¿Que si le gusta leer? Ahí sí no coge un libro ni pagado. Eso no le resta autoridad para decirnos qué papitas fritas debemos comer, ni que marca debemos vestir.

A la pregunta sobre la crisis económica que vive la sociedad que los ha convertido en multimillonarios, todos salen del apuro diciendo “a mí pregúntame de fútbol”. Pero si una marca de zapatillas les dice que se paren de cabeza, harán la maniobra hasta descerebrarse y sin emitir quejido.

El negocio ha convertido a los jugadores en imágenes de aparador, en seres lobotomizados, un amasijo de músculos y de sonrisas perpetuas. La opinión es nada, la imagen lo es todo. Las cosas como son.

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