Esa cosa extraña llamada admiración

por lamanoamiga

La admiración es cosa misteriosa. A veces, se trata de ver en el ídolo lo que nadie más reconoce, acaso de atar los méritos ajenos a cierto latido del propio corazón.

Invitado a un peculiar torneo inter empresas (donde la gloria está en la chela post partido y en el sanguchito), un amigo cumplió su sueño de niño: compartir cancha con el delantero admirado. Hoy retirado, se le reconoce por un puñado de títulos, el récord goleador de su club y un insulso paso por  Estados Unidos.

“¿Cómo puedes admirar a esa basura?”, escuchó más de una vez  y respondió siempre con indiferente silencio. Uno elige al ídolo como escoge a un santo: por sus obras, tragedias o milagros. A veces, por todo lo anterior. Y no necesita justificación alguna.

La admiración de mi amigo es la misma que sentían nuestros abuelos por el fortachón del circo local. No se trataba de Zeus, es claro, pero siempre habla bien de la sensibilidad propia reconocer la virtud del otro, sea la de un brillante Cristino Ronaldo, o la de un rebelde Waldir Sáenz.

Anuncios