¿Perú al Mundial?

Diario de fútbol a medio camino entre la reflexión académica y la mermelada de membrillo.

Mes: junio, 2012

Taxi Satelital secuestró a Jefferson Farfán

El misterio de la jovencita secuestrada por Taxi Satelital ha sido resuelto, pero todavía existen asuntos sin aclarar alrededor del servicio que brinda esta compañía de carácter automotriz.

La revisión del GPS de cada unidad ayudará a esclarecer las dudas sobre los escándalos en el seno de la selección nacional de fútbol. Es válido preguntarle al chófer del automóvil en cuestión sobre la naturaleza del restaurante en el que dejó a Jefferson Farfán, minutos antes de intoxicarse comiendo choritos a la chalaca.

Nos asalta otra duda igual de importante. ¿A qué hora fue solicitado el servicio para recoger a nuestros peloteros (perdón, futbolistas) de la fiesta post derrota ante Uruguay? ¿Fue un volante de marca o un extremo zurdo quién hizo la llamada? Las grabaciones ya ha sido solicitadas.

Pero el tema no acaba aquí. Lo de Claudio Pizarro es tal vez el caso más grave de todos. ¿Mostraba el ‘Bombardero de los Alpes’ una cojera a su regreso de Europa? El chófer que lo llevó del aeropuerto a casa tiene mucho que decir al respecto. Sin embargo, testigos consultados por este medio aseguran que fue el propio taxista quién arrolló el pie izquierdo de Claudio, tras una discusión sobre  el precio de la carrera. Las investigaciones han demostrado que este sujeto era hincha de Sport Huancayo, lo que sea que eso signifique.

Que Sergio Markarián le pide a los servicios de Taxi Satelital parar en el grifo para comprar golosinas, es un tema menor, pero que igual merece  investigación.

Si no vamos al Mundial, que el dedo acusador no apunte solo a nuestros jugadores, sino también a quienes apañan la indisciplina escudándose en la confidencialidad taxista-cliente. El uso del Tren Eléctrico aparece hoy más necesario que nunca.

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La diferencia entre futbolistas y peloteros

Juan Manuel Vargas se sobresaltó porque llamaron peloteros a nuestros peloteros. Él dio su versión de los hechos y aseguró que los nuestros son futbolistas. Vayamos al archivo para destrabar esta discusión.

Perú tuvo muchos y grandes futbolistas hasta fines de la década del setenta, cuando el deporte empezó a profesionalizarse. El tiempo implacable siguió su curso y el nivel del torneo local empezó a decaer. El público, que no es tonto, comenzó a notar entonces la diferencia entre los mejores jugadores del mundo y los pobres remedos que vomitaba el fútbol nuestro.

Es entendible la confusión. Al futbolista y al pelotero los iguala la dedicación a patear una pelota y los diferencia todo lo demás. El futbolista es un profesional entregado por entero a su trabajo, que se entrena, que cuida su físico, que guarda cierta disciplina, que juega para ganar y que ama este deporte. Peloteros son quiénes no hacen nada de eso, son los que pueblan casi por completo el torneo local, los fines de semana y algunos miércoles. Esperamos que la confusión haya sido aclarada.

Complejo de superioridad y la jugada de más

El futbolista peruano es una extraña combinación de falta absoluta de critero para jugar a la pelota  y la convicción propia de un campeón mundial. No importa el rival, el torneo, si se trata de un amistoso o una final. Nuestros jugadores siempre intentan una finta, una pisada, buscan la huacha y salen del área dominando la pelota con la majestad propia de Zinedine Zidane, aunque la embarren al final.

Cuando la suerte sonríe a los nuestros, cuando la finta engaña, cuando la pisada termina en túnel, el canon dicta dar la estocada final al rival vencido, mediante la inmediata repetición de la finta o la huacha. El tiempo le ha dado nombre a esta galimatía: “la jugada de más”, ese intento de superioridad moral a través de la humillación repetida.

Las estadísticas dicen que en el 99% de los casos, “la jugada de más” termina en una pelota perdida y un gol en contra. En los casos de éxito, el 100%  busca el calco inmediato de lo anterior, siempre con el mismo trágico final.

Eso sí, que nadie diga que no lo intentamos.

Paolo Guerrero no pierde su valor

El escándalo de baile, chicas y trago en la pachanga post partido a la derrota de Uruguay, no ha dañado ni un pelo el aprecio del que goza el billete de Paolo Guerrero en el mercado de valores del hincha peruano. Todo lo contrario, las imitaciones aparecen cada día, una más burda que la otra. Ante la devaluación vergonzosa de Sergio MarkariánJuan VargasFarfán y Pizarro, es justo advertir del peligro de lo bamba contra el ‘Depredador’. Pasamos a detallar cómo identificar al original de las imitaciones.

1. Mire el sello de agua de Paolo, donde aparece todos los goles que lleva anotados en la selección (y van 19). Los números no mienten.

2. Frote la punta del billete. Los bamba se rompen a la primera, con el más mínimo roce. Un billete de 200 Guerreros aguanta todo el maltrato.

3. Puede meterlo debajo del agua, pisarlo, escupirle y mirarlo feo, pero nunca se despinta. Los colores rojo y blanco nunca abandonan este billete.

4. Si tiene un billete original, cuídelo, no lo gaste sin necesidad. Hay muchas imitaciones, pero como este va a encontrar muy pocos en el mundo.

FULBOLISTAS ILUSTRES: Rodolfo Miñán, el comisario de los andes

Todo pueblo tiene a su leyenda. Cerro de Pasco es una ciudad desolada y herida en su corazón por un excavación  minera. Pero hubo una época en que esas desgracias parecían poca cosa ante la suerte del equipo local, Unión Minas, que contaba como estrella máxima al goleador peruano con la chapa más poderosa de la historia. Sí, usted y yo sabemos de quién estamos hablando: Rodolfo “El Comisario” Miñán.

Lo de este delantero era arrasar con los arqueros rivales y con los rufianes callejeros, porque su distinguido grado policial no era gratuito. Miñán Odar era policía y en su vida había enfrentado a cosas  más peligrosas que una sancadilla del ‘Puma’ Carranza.

Antes de Internet y el chat de Facebook, todos sabían que sobre los 4 mil metros sobre el nivel mar, este delantero era la ley. En Youtube no están sus goles y el Google no aparecen sus fotos, pero su recuerdo en la memoria de la afición pasqueña es en HD.

Hace un año, Rafael Inurritegui, vocalista del grupo punk Aliento de Puta, arrancó un concierto barranquino enfundado en la vieja camiseta azul y oro del Unión Minas. “¡El único bombardero de los andes que yo conocí fue ‘El Comisario’ Miñán, putos!”. Homenaje tardío, pero necesario.

La conquista de Arica


La derrota ante Uruguay dejó heridas profundas en cada uno de los jugadores de la selección nacional, que reclamando su lugar en la Historia se apresuraron en consumar un acto patriótico para compensar la afrenta.

Hace casi dos siglos, Chile nos quitó Arica. Por eso, nuestras fantásticas estrellas entendieron su responsabilidad frente a generaciones futuras, y organizaron una pachanga donde la agasajada terminó siendo Arica. Así se apellida esta modelo, Shirley es su nombre y hace un par de años saltó a la fama como ex afán de Raimond Manco.

Donde las armas fracasaron, triunfo el pasito tun tun.

Esa cosa extraña llamada admiración

La admiración es cosa misteriosa. A veces, se trata de ver en el ídolo lo que nadie más reconoce, acaso de atar los méritos ajenos a cierto latido del propio corazón.

Invitado a un peculiar torneo inter empresas (donde la gloria está en la chela post partido y en el sanguchito), un amigo cumplió su sueño de niño: compartir cancha con el delantero admirado. Hoy retirado, se le reconoce por un puñado de títulos, el récord goleador de su club y un insulso paso por  Estados Unidos.

“¿Cómo puedes admirar a esa basura?”, escuchó más de una vez  y respondió siempre con indiferente silencio. Uno elige al ídolo como escoge a un santo: por sus obras, tragedias o milagros. A veces, por todo lo anterior. Y no necesita justificación alguna.

La admiración de mi amigo es la misma que sentían nuestros abuelos por el fortachón del circo local. No se trataba de Zeus, es claro, pero siempre habla bien de la sensibilidad propia reconocer la virtud del otro, sea la de un brillante Cristino Ronaldo, o la de un rebelde Waldir Sáenz.

Errar es peruano

Hacer un gol supone un acto vacío, una acción autocomplaciente lejana a las tribulaciones propias de la imperfección humana. En época de Eurocopa, observo con espanto el pánfilo esfuerzo de los alemanes, franceses y holandeses por dirigir todos sus disparos al arco (casi siempre con éxito).

La variante humanista del jugador peruano ha permitido un fútbol más cercano a la vida y sus errores. Para qué meter un gol si se puede gastar mejor la precisión en enviar la pelota a la tribuna, imitando así las vicisitudes de lo cotidiano. Algunos estetas han llevado las cosas más allá (Piero Alva es ejemplo), perfeccionando el estilo de mandarla hasta la calle o al techo del vecino.

En el fútbol errar es humano, pero con arte es peruano.

FULBOLISTAS ILUSTRES: Isidro Fuentes, guapo a su manera

Isidro Fuentes (Pisco, 1965) fue para el fútbol peruano una especie de Cristiano Ronaldo, pero al revés. Era feo, de extraña melena larga y el cuerpo de un cuarentón.

Pero su eléctrico nombre y su noble apellido delineaban a un exquisito goleador, un hombre notable entre los hinchas del Sipesa, equipo donde fue conocido como “El Loco” y donde se le guarda en mayor estima que al propio Claudio Pizarro.

Chimbote nunca se recuperó de las telúricas actuaciones de Fuentes Prada y aún piensan en él, cuando los demás equipos de la ciudad pululan por la Primera División, sin pena, ni gloria, ni ídolos.

En épocas de márketing y merchandising, el buen Isidro dejó una lección que suena a bolero: no hay que ser guapo para que te quieran.

Señores, por esto no vamos al Mundial…

Siguen los rostros desencajados, los gestos chuecos, las sonrisas caídas. Sigue el infinito y estéril debate en el Facebook sobre por qué Markarián puso a uno y no a otro jugador ante Uruguay; por qué uso tal sistema; por qué no le pusimos más huevos.

Perdimos por la suma de detalles casi imperceptibles, que muy poco tienen que ver con lo hecho por Markarián. Desde que el fútbol es profesional (es decir, desde que Perú dejó de ir a los mundiales), han sido los mismos detalles por los que pasamos roche en los torneos donde participamos. Son necesarias algunas preguntas para entender el dramón del fútbol peruano.

¿Cómo tener buenos futbolistas cuando solo un puñado de clubes invierte en menores (y para colmo mal)?

¿Cómo lograr el desarrollo de nuestros jóvenes talentos si el torneo peruano es un mamarracho?

¿Cómo vamos a hablar de proyectos a largo plazo si solo hemos clasificado a 2 mundiales  Sub 17 (a uno como anfitriones) de 14 organizados y a ningún mundial Sub 20 de los 18 organizados?

¿Cómo tener jugadores en los clubes más competitivos del mundo si en un año no logramos vender ni a tres muchachos a ligas extranjeras?

¿Cómo tener jugadores que sepan aprovechar las oportunidades que les ofrece el fútbol, cuando el Perú está en los últimos lugares en la escala de desarrollo educativo del mundo? (Ver páginas 414 y 420 del último Informe del Foro Económico Mundial)

¿Cómo aspirar a tener jugadores bien preparados físicamente, si la desnutrición crónica afecta a una quinta parte de los niños del Perú?

¿Cómo lograr que los colegios sean semilleros de futbolistas (y de deportistas) cuando tenemos un déficit de profesores de educación física?

¿Cómo esperar ley y orden en el fútbol peruano si la informalidad es moneda corriente en nuestra sociedad?

Si, oh milagro, logramos clasificar a Brasil 2014 prepárese, grabe todos los partidos, compre todos los diarios, vea todas las repeticiones, coleccione todas las figuritas y guarde provisiones.  Si seguimos así, el próximo Mundial al que iremos será al del 3014.

La frase “Perú campeón” suena, en estos tiempos, más vacía que nunca.

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