Nuestros futbolistas juegan en el extranjero, pero sus músculos son ‘bambas’

por lamanoamiga

Claudio Pizarro tiene yaya, Jefferson Farfán cojea y Juan Manuel Vargas está al borde de las muletas. Normal nomás, no digo nada. Pero yo me pregunto, con todo respeto y cariño, ¿por qué carajo no se lesionan nuestros suplentes? ¿Por qué Cuevita, Guevara y Carlos Zegarra no se rompen ni una uña? ¿Por qué el doctor no se tropieza al caminar?

¿Qué le ponen al pan con jamonada en Europa que tanto le afecta a nuestros ‘extranjeros’? Radamel Falcao García también está roto, lo que hace suponer costumbres similares entre las estrellas connacionales y el cafetero. ¿Acaso todos coincidieron en el mismo chifa y compartieron tenedor? Muchas preguntas se desprenden de la coincidencia.

Sin embargo, la acumulación de tragedias supone una oportunidad para que la chamanería norteña demuestre sus avances en el campo de la medicina deportiva. Cuentan que escupir pisco macerado, el roce del cuy pardo y la aplicación del ungüento de sábila, en la zona afectada, puede resultar terapéutico. Eso dice mi mamá, pero no sé si creerle. Yo sigo teniendo una pierna más larga que la otra.

Campeones paraolímpicos, y su ejemplo, abundan en el Perú. La autosuperación es algo que deberíamos tener aprendido. Veremos el domingo si la selección se sabe de memoria la lección que la vida se cansa de enseñar, a veces, ya hasta por gusto.

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